Berenjenas a la parmesana: la receta italiana que tiene menos calorías que la lasaña

Berenjenas a la parmesana: la receta italiana que tiene menos calorías que la lasaña

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Redatto da María

4 noviembre 2025

En el vasto universo de la gastronomía italiana, existen platos que trascienden fronteras y se convierten en auténticos embajadores de su cultura. Si bien la lasaña ostenta un trono indiscutible, hoy vamos a desbancarla con una propuesta más ligera, pero igualmente rebosante de sabor mediterráneo: las berenjenas a la parmesana, o parmigiana di melanzane, como la llaman en su tierra natal. Este plato, originario del sur de Italia, es una celebración de la sencillez y la excelencia de los productos locales.

A diferencia de su prima más contundente, la lasaña, la parmesana sustituye las láminas de pasta por finas lonchas de berenjena, creando una textura fundente y un sabor profundo que evoca el sol y la tierra del Mezzogiorno. Olvídese de la bechamel y de la carne; aquí, el protagonismo recae en el trío sagrado: berenjena, tomate y queso. Le guiaremos paso a paso para que domine este clásico, una receta que no solo es más benévola con la báscula, sino que también le transportará directamente a una terraza con vistas al mar Tirreno. Prepárese para descubrir que la opulencia no siempre requiere complejidad.

30 minutos

45 minutos

fácil

€€

Ingredientes

personas +

Utensilios

Preparación

Paso 1

Comenzamos con las protagonistas: las berenjenas. Lávelas y séquelas con cuidado. El primer secreto para una parmesana perfecta es el corte. Buscamos lonchas de aproximadamente medio centímetro de grosor. Si las corta demasiado finas, se desharán; si son demasiado gruesas, pueden quedar crudas en el centro. Aquí es donde una mandolina se convierte en su mejor aliada, garantizando un grosor uniforme que asegura una cocción homogénea. Una vez laminadas, colóquelas en un colador grande, espolvoreando sal fina entre cada capa. Este proceso, conocido como purgar, es fundamental: la sal extraerá el exceso de agua y el ligero amargor de la berenjena. Déjelas reposar así durante al menos 30 minutos. Verá cómo sueltan un líquido oscuro. Pasado este tiempo, enjuáguelas rápidamente bajo el grifo para retirar el exceso de sal y séquelas a conciencia con papel de cocina. ¡Este paso es innegociable para evitar que absorban demasiado aceite al freír!

Paso 2

Mientras las berenjenas reposan, prepararemos una salsa de tomate sencilla pero llena de sabor. En una cacerola, caliente un par de cucharadas de aceite de oliva y dore ligeramente los dientes de ajo pelados y ligeramente aplastados. No deje que se quemen o amargarán la salsa. Vierta el tomate triturado, añada el orégano, sal, pimienta y la mitad de las hojas de albahaca fresca. Deje que la salsa cueza a fuego lento durante unos 15-20 minutos, hasta que haya espesado ligeramente. El objetivo es concentrar los sabores sin que se seque demasiado. Una vez lista, retire los dientes de ajo y reserve.

Paso 3

Ahora, vamos a cocinar las berenjenas. En una sartén grande, caliente una buena cantidad de aceite de oliva virgen extra. Cuando esté caliente pero sin humear, fría las lonchas de berenjena por tandas, sin amontonarlas, hasta que estén doradas por ambos lados. Este paso requiere paciencia. A medida que las vaya sacando, colóquelas sobre un plato cubierto con varias capas de papel de cocina absorbente para retirar el exceso de grasa. Este gesto es clave para que el plato final no resulte pesado ni aceitoso. Mientras tanto, corte la mozzarella en dados pequeños y déjela escurrir en un colador para que suelte parte de su suero, evitando así que la parmesana quede aguada.

Paso 4

Ha llegado el momento más gratificante: el montaje. Precaliente el horno a 180 °C. Elija una fuente de horno rectangular o cuadrada. Comience cubriendo el fondo con una fina capa de salsa de tomate. A continuación, coloque una primera capa de lonchas de berenjena, una al lado de la otra, ligeramente superpuestas, como si fueran las tejas de un tejado. Cubra las berenjenas con más salsa de tomate, esparza unos dados de mozzarella y una generosa lluvia de queso parmesano rallado. Repita la operación: capa de berenjenas, salsa, mozzarella y parmesano, hasta agotar los ingredientes. La última capa debe ser de salsa, cubierta abundantemente con el resto del parmesano para crear esa costra dorada y crujiente que todos amamos.

Paso 5

Hornee la parmesana durante unos 30-40 minutos. Sabrá que está lista cuando la superficie presente un color dorado intenso y la salsa burbujee alegremente por los bordes. El aroma que inundará su cocina será la mejor señal. Sin embargo, y aquí reside el último gran secreto de una parmesana de matrícula de honor, no la sirva inmediatamente. Déjela reposar fuera del horno durante al menos 15 o 20 minutos. Este tiempo de reposo es crucial para que los sabores se asienten y la estructura se compacte. De esta forma, al cortar las porciones, estas mantendrán su forma y no se desmoronarán en el plato.

María

El truco del chef

Para una versión aún más ligera y saludable, puede obviar la fritura. En lugar de freír las lonchas de berenjena, colóquelas en una bandeja de horno, píntelas con un poco de aceite de oliva por ambos lados y áselas a 200 °C hasta que estén tiernas y doradas. El resultado será menos calórico pero igualmente delicioso, con un sabor ligeramente más ahumado.

Acuerdos perfectos para su parmesana

Este plato de carácter sureño pide a gritos vinos que compartan su espíritu. Para un maridaje tinto, opte por un vino italiano de cuerpo medio y buena acidez que pueda cortar la riqueza del queso, como un Chianti Classico de la Toscana o un Nero d’Avola siciliano. Sus notas de frutos rojos y su toque terroso complementarán a la perfección el dulzor del tomate y el sabor de la berenjena. Si prefiere un vino blanco, busque uno seco, mineral y con buena estructura. Un Vermentino de Cerdeña o un Fiano di Avellino de Campania serán elecciones magníficas que refrescarán el paladar en cada bocado.

La parmigiana di melanzane es un plato envuelto en un velo de misterio en cuanto a su origen. Aunque el nombre podría sugerir una procedencia de Parma, la realidad es que esta ciudad del norte no es famosa por el cultivo de berenjenas. Las teorías más aceptadas sitúan su cuna en el sur, con una apasionada disputa entre Sicilia y Nápoles. Los sicilianos argumentan que el término ‘parmigiana’ deriva de ‘parmiciana’, las lamas de madera de una persiana, cuya disposición recuerda a las capas de berenjena. Sea cual sea su verdadero origen, se ha consolidado como un pilar de la cocina casera italiana, un plato que sabe a familia, a domingo y a tradición.

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María

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